viernes, 2 de mayo de 2008

Charla de D. Joan Llidó, 23 de Abril'08, al Voluntariado

ATENCIÓN A LOS VALORES Y CREENCIAS DE LAS DIVERSAS RELIGIONES DEL MUNDO.
Conseguir "estar bien", "tener una buena salud", es un objetivo irrenunciable para toda persona humana. Sin embargo, no siempre se consigue. Con relativa frecuencia, aparecen enfermedades o desarmonías psíquicas que tienen su origen en el cuerpo físico; o por el contrario, a veces se somatizan fobias, angustias y ansiedades que producen incluso parálisis corporales de mayor o menor intensidad y extensión. En ocasiones, el sufrimiento es más profundo puesto que toca las entrañas del ser donde uno se pregunta sobre el sentido de su vida y de su muerte.
Hoy en día no sólo la medicina sino todas las ciencias se cuestionan el tema de la salud.
En las ciencias estudiosas del medio-ambiente se llevan también a cabo programas que fomentan los valores ecológicos y el cuidado del medio ambiente: la higiene de nuestros propios espacios de trabajo, el cuidado de los humerales, la defensa de las áreas verdes de nuestro entorno, la lucha por garantizar el aire puro en las áreas urbanas, la calidad del agua que bebemos o de los productos que consumimos... Esta defensa es cada día más intensa. Se hace inevitable una vuelta consciente a lo `natural', porque la persona humana ante todo somos naturaleza, aunque no siempre sepamos cómo conseguirlo y vivirlo.
En otro orden de cosas, nuestra vida y nuestra salud están también dirigidas, y a veces condicionadas, desde los sótanos de la personalidad, desde nuestro subconsciente. El subconsciente tiene su propio lenguaje, el de los símbolos, que se conocen a través de los sueños. Es allí - dicen los psicoanalistas- donde debemos buscar parte de la información necesaria para los cambios que queremos cristalizar en nuestra vida, en orden a la salud. Existen muchas clases de terapias diseñadas para ayudar a las personas a entender lo que está en su inconsciente, pero muy pocas son eficaces para realmente cambiarlo. Sin embargo, si no se cambia lo que está en el inconsciente, éste conserva toda su fuerza, capaz de desbordar en cualquier momento los esquemas de control conscientes, y provocar una crisis emocional. El intenta ayudar a las personas a descubrir los orígenes inconscientes de esas penosas crisis, y a usar adecuadamente el conocimiento consciente. La teoría psicoanalítica sostiene que, para mejorar cualitativamente la salud de las personas, las personas/pacientes han de re-vivir aquellas experiencias traumáticas que ocurrieron durante la gestación, el nacimiento y la temprana infancia, a las que fueron incapaces de enfrentarse en su momento; sólo así, dicen, disminuyen substancialmente los niveles de tensión originados en las experiencias dolorosas pasadas, que se almacenaron en nuestro inconsciente. El descubrimiento vivencial de "la verdad original" ilumina la causa del conflicto, hasta resolverlo e integrarlo en nuestro consciente.
No obstante no todos los terapeutas comparten la necesidad de ese regreso a los orígenes del conflicto. Junto al Psicoanálisis, en el campo de la Psicología emergen una gran variedad de terapias alternativas, que se centran en el presente y enseñan a controlar mejor las tensiones y las crisis emocionales, desde la mera comprensión intelectual de sus razones. No es necesario, dicen, conectar con el doloroso sentimiento original de las tensiones pasadas y siempre presentes.
¿Cómo conseguir "estar bien"? ¿En que consiste "la salud"? Todas las grandes religiones del mundo se plantean esta cuestión y aportan respuestas originales y sabias, fruto de largas experiencias.
Etimológicamente, en la lengua latina, el vocablo "salus" incluye semánticamente el contenido de las palabras castellanas "salud" y "salvación". Es lo que hoy denominaríamos "salud integral".
Indudablemente la salud tiene componentes y fundamentación biológica, neurológica, psicológica, socio-ambiental y espiritual
. Los sofisticados mecanismos del funcionamiento de nuestra mente, de nuestro cuerpo, y también los anhelos de nuestro espíritu repercuten positiva o negativamente en aquello que denominamos "salud integral". Parece ser que el cuerpo, la mente y el espíritu están conectados. El hombre es una unidad. La salud de cualquiera de estos elementos parece afectar la salud de los demás. Algunas investigaciones demuestran que las creencias positivas y la fe madura pueden contribuir a la curación del cuerpo y a un sentido de bienestar; así como las actitudes espiritualmente negativas (odios, rencores, riñas familiares, culpa excesiva etc) son factores de múltiples enfermedades. Mejorar la salud espiritual puede ayudar a sentirse mejor, y también a afrontar con serenidad la enfermedad y la muerte. Y no cabe duda que una buena salud fisico-psíquica puede facilitar el recorrer los caminos de la virtud y del amor con una óptima seguridad.
Todas las grandes religiones de la humanidad se preocupan de la "salus". Todas ellas se denominan Religiones de salvación, porque se sienten portadoras de un camino de salvación integral para los pueblos.

Todas pretenden transformar al hombre: LOS TRES YOS :
l. El biológico de base.
2 El yo social.
3 El yo ideal.
Para ello, hay que silenciar al hombre ruidoso.
No obstante, en todas las tradiciones religiosas de la humanidad, encontramos corrientes de espiritualidad poco profundas que tienden a circunscribir la experiencia religiosa sólo en el cultivo de los valores llamados `espirituales' (a veces sólo cultuales), renunciando al cuidado del cuerpo, a no ser que sea para avisar de los peligros que puede ocasionar por ejemplo el sexo o la gula.
Algún `Vedanta' budista llega incluso a concebir el cuerpo como la cárcel del alma, como algo ilusorio llamado a desaparecer del todo. En otros ámbitos religiosos también se ha podido llegar a creer que el cuerpo es el gran obstáculo para la salvación, por eso hay que mortificarlo. Se separa `salvación' y `salud'. La salvación correspondería a la teología, y la salud se dejaría en manos de la medicina y de la psicología. Lo corporal sería como algo intranscendente, del que hay que prescindir en orden a la salvación. Esta visión dualista, cartesiana y superficial del ser humano, no se corresponde con la genuina reflexión teológica de la religión cristiana.
El ser humano es más que puro espíritu, es también cuerpo. Ambas realidades son abstracciones de la mente humana. La vida humana no es la suma de dos vidas - material y espiritual- sino una sola. Por eso, espíritu y cuerpo, sin dicotomías, pertenecen al proyecto salvífico y liberador de la religión. El cuerpo es una dimensión, y no una parte del ser humano. No hay religión sin corporeidad. No hay salvación integral del hombre mientras no incluya al cuerpo: liberación de la tortura, de las aberraciones sexuales, de la pereza, la gula, las violencias corporales etc. San Pablo llega incluso a decir que "hasta la naturaleza entera" espera la manifestación de los hijos de Dios (Rom. 8), para posibilitar el equilibrio ecológico y evitar la destrucción de la vida.
Por vislumbrar un poco la originalidad del discurso teológico sobre los caminos que conducen a alcanzar una buena salud, presentaré unas pinceladas de lo que creen y difunden las grandes religiones de la humanidad a este respecto:
EL HINDUISMO.
Los tres caminos de liberación: 1. Karma-Marga (acción penitencia) Hay que realizar tareas en los primeros años de la vida, aprender, engendrar, criar... Esfuerzo ético para controlar las pasiones.... 2.Jnama-Marga (Conocimiento). La sabiduría elimina las ataduras de la ignorancia. Todo, menos el alma (emanación de Brama) es transitorio e ilusorio; no tiene consistencia 3 Bkthi-Marga (amor). El Absoluto vive en nosotros, y el hombre/mujer puede responder a esa amistad mediante el amor. LIBERAR EL ESPÍRITU DE LAS ATADURAS DE LO SENSIBLE MATERIAL. Liberarase de la rueda de las reencarnaciones. Proceso de espiritualización y de separación definitiva del cuerpo (MOCSA). La materia es un lastre y la existencia una condena.
El BUDISMO.
El Budismo se pregunta porqué sufre el hombre: EL DESEO. Hay que apagar el deseo. La sabiduría descubre la verdad de lo real.
El Budismo es una antropología soteriológica. La Meditación Zen abarca el cuerpo, la consciencia y la respiración. A través del Yoga, el budista se adentra en la observación interior del propio ser, hasta llegar a ser pura conciencia y fundirse con el Silencio Abismal (Nirvana). Es un estado de conciencia atento primeramente al cuerpo y, luego, a lo que pasa en la mente, hasta perder la referencia inicial al cuerpo y ser pura concentración. Con la meditación trascendental se va más allá del cuerpo y del pensamiento, hasta sentir el misterio de ese `algo' que actúa en mí, y me sobrepasa. Esta experiencia, superadora de la corporeidad efímera, es creadora de una energía vital, que integra los impulsos que brotan en la cotidianidad del vivir, y nos hace sabios. Desde el cuerpo se llega al espíritu, donde se percibe el ser como una única Realidad eterna, donde la materia desaparece. Esa experiencia de fusión con el Todo, es salud.
EL TAOlSMO.
El Taoísmo, muy próximo al Budismo, es una cosmología que se basa en la no­dualidad, cuerpo y alma. Su mentalidad queda expresada en los movimientos armoniosos del Tai-xí, que intentan superar la separación entre cuerpo y espíritu. A través de movimientos suaves y conscientes del cuerpo se conecta con el `misterio' de donde brota la energía del ser. La armonía y el ritmo del universo y de la vida, expresado en el cuerpo, es fuente de salud. Trabajando el cuerpo, calentando la caldera que es el bajo vientre, se intenta unificar todo el cuerpo: el corazón, sede de la compasión, y la mente, sede de la comprensión. Cuando se consigue esa integración de la energía desde el sacro hasta el cerebro, hay salud.
EL CRISTIANISMO.
El cristianismo afronta el problema del sufrimiento. Tres clases de sufrimiento.
Como para los judíos, el cuerpo para los cristianos es un bien creado por Dios como un elemento inseparable del espíritu. El cuerpo es la única forma que tiene el
hombre de ser persona; no existen ni cuerpos ni almas humanas separadas. La teología católica no admite la dicotomía cuerpo-espíritu. El cuerpo es incluso templo del Espíritu de Dios (shekinah). Donde Dios habita y se siente cómodo es en el hombre, barro­espíritu (adam y ruah). A diferencia del Budismo y del Hinduismo, el cuerpo no es una cárcel del espíritu ni una realidad inconsistente, ni efímera, ni aparente, llamada a desaparecer. Si el hombre es también `cuerpo', no se le puede dejar a la hora de llegar al destino final del ser humano; el cuerpo será incorporado e introducido de alguna manera en ese cielo y tierra nuevos hacia el que caminamos. El cuerpo humano, para los cristianos, participa de la resurrección de Cristo y está llamado a la inmortalidad. Por ser don de Dios, el cuerpo hay que cuidarlo y gozar de él. La salvación pasa por el espíritu y llega hasta la profundidad de la materia humana. Es el hombre, todo él, el que Se salva y no una parte, que ya no sería el hombre. Todo el ser, energía material/espíritu, sin separarlos ni confundirlos, se renuevan y unifican en Cristo. E1 amor que empieza en el Eros culmina en el Ágape. El Papa Benedicto XVI recientemente lo ha descrito muy bellamente:
"El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima; el desafío del eros puede considerarse superado cuando se logra esta unificación. Si el hombre pretendiera ser sólo espíritu y quisiera rechazar la carne como si fuera una herencia meramente animal, espíritu y cuerpo perderían su dignidad. Si, por el contrario, repudia el espíritu y por tanto considera la materia, el cuerpo, como una realidad exclusiva, malogra igualmente su grandeza. El epicúreo Gassendi, bromeando, se dirigió a Descartes con el saludo: « ¡Oh Alma! ». Y Descartes replicó: «¡Oh Carne!». [3] Pero ni la carne ni el espíritu aman: es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, de la cual forman parte el cuerpo y el alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, el hombre es plenamente él mismo. Únicamente de este modo el amor -el eros- puede madurar hasta su verdadera grandeza" 1
En eso consiste la salud, en poder gozar de la libertad amando con todo el ser.
EL ISLAM.

Como para los judíos LA LEY ordena y hace posible la vida (Ley cósmica, Ley social, Ley espiritual). La Obediencia es la máxima virtud, fuente de salud. Para los musulmanes, el cuerpo se concibe como un servidor del alma. Según el Corán, el cuerpo fue creado por Alah y está formado por alma, corazón, razón e instinto (nefs), entre sí interrelacionados. El cuerpo pertenece a Dios y hay que cuidarlo. Son todas las partes del cuerpo las que aman, aunque es el corazón quien enciende la mecha del amor, unificándolas. Cuando el amor penetra el espíritu, la mente, el corazón y los instintos, el hombre goza de buena salud. El paraíso de los musulmanes está repleto de placeres sensuales para los cinco sentidos, reservados para el fiel. Fidelidad, adoración y placer se hermanan en el paraíso musulmán. Hay salud cuando la vida es un reflejo de ese orden eterno y gozoso.
No siempre se conoce el origen de una enfermedad física o psíquica. Conocer los diversos mecanismos que provocan disfunciones o mejoran la salud, es un reto constante para los profesionales de la salud.
1 Benedicto XVI, Encíclica `Deus caritas est', n. 5