jueves, 11 de septiembre de 2008

ELABORAR SANAMENTE EL DUELO


HONRAR LA VERDAD DE LA VIDA

Las pérdidas nos remiten a tres principios fundamentales que gobiernan
la existencia:
No se puede vivir sin sufrir. Esta verdad está en el corazón de la experiencia humana: desde el nacimiento, con el primer llanto, hasta la gradual disolución de la corporeidad, la vida está marcada por la provisionalidad y por el dolor.
No se puede sufrir sin esperar. El sufrimiento no se busca, a menos que se sea masoquista. El sufrimiento "forma parte de", es "un sine qua non" de la existencia, pero no es fin en sí mismo. Tiene sentido en la medida en la cual se puede revestir de esperanza o deja espacio a elementos de luz y de positiva transformación.
No se puede sufrir sin abrirse. Perder a alguien o algo significa sí, el cierre de una puerta, pero también ser conscientes que quedan abiertas otras ventanas, otras posibilidades para afrontar las incógnitas de la vida.
Abrirse significa poder
comunicarse y permitir sanar a las heridas, transformando el sufrimiento en compasión y en
mayores sensibilidades hacia los demás.
Cerrarse, por otro lado, lleva a aislarse, a vivir en la oscuridad.

Ofrecido por:Servicio de Atención Espiritual
–Centro San Camilo- Tres Cantos, Madrid
xabier@sancamilo.org



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