miércoles, 19 de noviembre de 2008

Un cuento

Había tres árboles en un bosque: Uno soñaba con viajar y ver mundo. Otro en convertirse en un arca de tesoros, y el tercero, con ser, sencillamente, un árbol y seguir albergando la vida.
Y un día los talaron.
El primero fue vendido a unos pastores, que lo convirtieron en abrevadero para el ganado; el segundo lo compraron unos pescadores que construyeron con él una barca y el tercero quedó apilado simplemente junto a una caseta.
Se acabaron los sueños, pensaron los tres árboles.
Pero un día aquellos pastores auxiliaron a una pareja en apuros, ella estaba embarazada y a punto de dar a luz; les prestaron el cobertizo de su ganado y arreglaron uno de los abrevaderos para acomodar al recién nacido.
Años más tarde un hombre pidió a los pescadores su vieja barca y remaron lago adentro; en mitad del lago se levantó una tormenta y la barca comenzó a zozobrar, pero el hombre se levantó e increpó a los elementos y el sol volvió a salir danzando sobre las aguas.
Tiempo después unos soldados agarraron el tronco apilado junto a la caseta y se lo colgaron sobre los hombros a un hombre herido y coronado de espinas. Y luego le clavaron al árbol hasta quedar hombre y tronco empapados por la misma sangre.
Moraleja: Sólo puedo ver lo profundo, lo real, aquello en lo que realmente me estoy posibilitando convertir, si vivo y actúo desde la contemplación, desde la extrema atención a la realidad. Desde el discernimiento.
Copiado de:
(El cuento está recogido de Cipri Díaz Marcos, s.j.)
Servicio de Acompañamiento Espiritual
- Centro San Camilo- Tres Cantos, Madrid.





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