lunes, 11 de enero de 2010

RESETEAR LA VIDA,RESETEAR LA FE



A todos los que lo lean que no tengan miedo de resetear la vida, que no es otra cosa que una puesta a punto para adentrarnos en nuestro interior y quitar todas las capas que, a lo largo de nuestra existencia, hemos ido acumulando, por motivos sociales, culturales…
¿Por qué siempre intentamos tapar en vez de descubrir?, ¡Cuántas veces ponemos tiritas sobre las heridas cuando lo mejor es que las dé el aire!
Y eso hacemos con nuestro corazón, le ponemos parches y parches, y al final no es capaz de latir a su ritmo, el ritmo natural, acompasado, armónico… ¡Cuántas arritmias…! Intentamos que lata al compás desenfrenado de nuestras vidas, rápidas, estresadas, en donde lo mejor es no enterarnos de que tenemos corazón. El día que nos damos cuenta es porque late descompasadamente.
Por eso es tan importante volver a nuestro estado original, al momento de nuestro nacimiento, cuando todo era sencillo, limpio, diáfano, cuando aún no había en nosotras la malicia, ni el miedo. Éramos personas claras, nítidas, transparentes… quien nos miraba sólo podía sentir ternura y admiración ante alguien tan pequeño, tan desvalido, tan solo, tan natural, tan en sí mismo y tan para los demás.
Al crecer nos enseñan a llenarnos de cosas, para cubrir la desnudez de nuestro interior, y acumulamos con compulsión, ya no somos capaces de ilusionarnos ni sorprendemos, todo nos parece normal y no sabemos estrenar la vida, ni el nuevo día, no hay sorpresa, ni capacidad de admiración.
Necesitamos hacer extraordinario lo ordinario, lo cotidiano sorprendente... dejar ver nuestro interior sin miedo porque ahí habita lo mejor y más grande que tenemos, el Dios–Amor que nos posibilita la sorpresa, el deseo limpio, la amistad sincera, el ser su imagen… el ser preámbulo e itinerario de Él.
Necesitamos descubrirnos ante la belleza de la vida, del existir, del ser, del amar, del compartir, del desgranar…. Necesitamos volver al auténtico arte, el de la sencillez. DEJARNOS Amar sin miedo para ser capaces de amar sin miedo, recibiendo y dando. Dios en el Centro, un centro diáfano, purificado por el amor, que transparente la maravilla de ser su imagen.
 
ECLESALIA

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