miércoles, 22 de febrero de 2012

Los 5 sentidos de un Voluntario

La vida no es igual para todos los que habitan en este mundo, el mundo está cada vez más globalizado, las diferencias se acentúan triunfa el individualismo frente a la solidaridad. Pero existen personas que tienen mucho que ofrecer, personas que salen de su privacidad y regalan hospitalidad, aquella hospitalidad que ante la hostilidad y la indiferencia acoge a las personas, a todas, sintiendo como único referente la humanización. Una humanización presente cada día como objetivo inaplazable, abriéndose cada vez más en un espacio que es el sentido de la existencia en común.


Es aquí donde aparecen las personas voluntarias, personas que aprecian la vida, que se preocupan por el mundo, que entienden la solidaridad como una actitud constante, que tratan de humanizarse para humanizar, que viven para transmitir lo vivido, que sienten para sentir con los cinco sentidos.
Un voluntario palpa el  sufrimiento, tantea la necesidad, asegura la solidaridad cálida del encuentro humano. Un voluntario se ofrece, se acerca, abraza y tiende su mano al que lo necesita. Un voluntario se dá, que menos!


Un voluntario observa e intenta comprender, mira directamente la realidad y la llena de nombres que entran en su corazón, aporta con sus ojos hasta donde le alcanza la vista, se asombra, queda afectado y se compromete.

Un voluntario agudiza el olfato para percibir donde se le necesita, intenta encontrar el rastro de la fragilidad humana para llegar a sentarse a su lado, un voluntario respira el olor de la humanización.

Un voluntario prueba, degusta y se decide a intervenir en la realidad. Gustar la realidad es hacerse cargo, encargarse de ella sin abatimiento, sin amargura, se relaciona con otros voluntarios y comparte experiencias, ¡saborean la vida!.

Un voluntario atiende y respeta a todos los que pueden enseñarle, abre el oído a la formación, se prepara para escuchar los sonidos del silencio, distinguiendo las voces de los ecos, contempla para después no hacerse el sordo.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hola, compañeras,

Es para mí un placer haber leído la entrada. Está llena de sensibilidad y calidez humana.

Yo soy Hafida, compañera de clase de árabe del padre Vicente. El pasado miércoles me enseñó el hospital provincial y me presentó a una joven muy agradable llamada Lola.

Salí del hospital con ganas de volver, impregnarme en la causa y ayudar en todo lo que pueda. Espero poder tener contacto con vosotras y enriquecernos.

Que Dios os recompense vuestro maravilloso trabajo.

Muchas gracias

Un grandísimo saludo de paz.